Loriente Acevedo, Vicente


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Descripción


Nació Vicente Loriente en Castropol el día 3 de julio de 1859, cuando la villa aún era un pequeño enclave portuario que crecía lentamente en torno al ensanche que se había generado tras la construcción de la Calle Nueva y la inauguración de un nuevo embarcadero en 1854. De humilde familia de la vieja hidalguía, fueron sus progenitores Vicente Loriente Flórez y Matilde Acevedo Pardo de Donlebún. El padre portaba un apellido habitual en el Alto Aragón y Cataluña, de probable ascendencia francesa, que llegó a Castropol con un antepasado suyo, capitán de infantería; la madre procedía de los más nobles linajes de Castropol y del antiguo coto de Figueras. De la unión de Vicente y Matilde nacieron cuatro hijos: José, Vicente, Francisco y César.

Huérfano a los pocos años, tras su fugaz paso por la escuela mixta de la localidad, en la que se hacinaban más de setenta niños y una treintena de niñas, según el Diccionario de Madoz (1850), con tan sólo doce años emprendió el viaje de emigración a Cuba, quizá con intención de eludir la prestación del servicio militar, cuya legislación se había endurecido con las Ordenanzas de 1853 – y lo sería aún más en 1883- para impedir la salida de los menores de catorce años.

Su barco debió zarpar de La Coruña o Vigo, en vez de Gijón, Avilés o Santander, puertos más frecuentados por los del centro y oriente, y de su propio testimonio se infiere que encontró trabajo de inmediato, pues era portador de un contrato previo, por recomendación de algún pariente o vecino.

Ingresó como aprendiz en una tienda habanera dedicada a la importación de tejidos y su posterior venta al por mayor, propiedad de la sociedad «Castañón y Rodríguez», fundada con un capital de 40.000 pesos por los polesos Florencio Rodríguez y Jerónimo Castañón, aunque en los años ochenta del siglo XIX corrían vientos desfavorables para los negocios, por el estancamiento financiero que lastraba el desarrollo cubano.

Florencio Rodríguez abandonó Cuba en 1885, retornando a Asturias, donde invirtió su fortuna en empresas regionales y nacionales, aunque mantuvo su afamada casa de comercio, asociando en el negocio a sus empleados más brillantes y antiguos, que lo eran su sobrino Joaquín Quirós, Severo Suárez Álvarez y el mencionado Loriente, que adquirieron una participación proporcional en el negocio y en los beneficios económicos.

En febrero de 1889, Florencio Rodríguez, creó en la capital cubana otra sociedad, «Quirós, Loriente y Compañía, S. en C.», a favor de su sobrino Joaquín y de Loriente, invirtiendo doscientas cincuenta mil pesetas, más una cuenta corriente abierta de doscientas sesenta y ocho mil seiscientas cuarenta y tres pesetas, y un préstamo de trescientas cincuenta mil pesetas. Severo Suárez se hizo cargo de la gerencia. Vencido el plazo mínimo de la sociedad en 1893, fundó, «Loriente y Dosal S. en C». Severo Suárez decidió retornar a España para invertir en las navieras, imitando a su antiguo jefe Florencio Rodríguez, cuya filosofía empresarial Loriente asimiló: saber comprar, saber vender y saber cobrar.

Loriente se fue integrando progresivamente en el entramado socioeconómico de la isla caribeña, como socio del Centro Asturiano, creado en 1886 con fines de recreo, instrucción y asistencia sanitaria; y del Casino Español de La Habana, fundado en 1869 para defender los intereses de la oligarquía comercial y financiera hispana contraria a la emancipación cubana.

En el año 1989, Vicente Loriente, en posesión de una respetable fortuna, retorna a su tierra natal y adquiere el palacio de los Marqueses de Santa Cruz de Marcenado, antiguo coto de los Montenegro, restaurando la casa y su entorno inmediato, con ayuda del jardinero Pepe el portugués, al que hizo venir expresamente desde Chaves.

Esta adquisición, y su matrimonio en el año 1891 con la ribadense María de la Asunción Cancio Martínez, le animaron a dilatar sus estancias en Castropol, bien que realizando continuos viajes por España y algunas naciones extranjeras, relacionadas con sus actividades comerciales y sociales; en su ausencia, el negocio era esmeradamente atenido por su socio y hermano Francisco. Del citado matrimonio nacieron sus tres hijos: Vicente, Asunción y Matilde Loriente Cancio.

El Ayuntamiento, que presidía Valentín Cancio, designó entonces una Junta, integrada por Vicente Loriente, Enrique Vijande y José Román Penzol, para gestionar la erección del monumento al glorioso marino Fernando de Villaamil y Fernández-Cueto a través de una suscripción, y aunque el acuerdo se adoptó en sesión plenaria el 6 de noviembre de 1898, distintos avatares retrasaron en más de una década la conclusión del encargo.

Loriente asumió, desde los albores del siglo XX, una activa participación en la política local y comarcal. El activismo político de Castropol se dinamizó desde 1882, cuando el general Serrano, Duque de la Torre, creó el partido Izquierda Liberal Dinástica, cuyos representantes locales fueron José Ramón Fernández Luanco, miembro de la Real Academia de las Ciencias, fallecido 1905, y su hermano Claudio, médico destinado en Avilés y, tras su retiro, director del decenario «Castropol», del que Loriente fue el gran patrocinador desde el año fundacional de 1905 hasta su cierre en 1925, por orden gubernativa.

El decenario se convirtió en caja de resonancia del Partido Independiente o Partido Novo, así llamado por oposición al Partido Veyo, integrado - según aquellos- por los representantes del más rancio caciquismo comarcal, entre los que se encontraban el vegadense Everardo Villamil y el coañés Benito Castro y, a nivel regional y nacional, Alejandro Pidal y Augusto González- Besada.

Aunque en 1905, Loriente viajó desde La Habana para una estancia breve, motivada por la enfermedad de su suegra, fue en 1906 cuando reinició las gestiones en pro del nuevo Casino y del monumento a Fernando Villaamil, cuya erección confió al arquitecto municipal ovetense Juan Miguel de La Guardia, aunque el Ayuntamiento estaba presidido por su gran opositor, Zoilo Murias.

En marzo de 1906, el Casino le dedicó un cálido homenaje por haber asumido la presidencia desde el año 1900 hasta entonces. El nuevo presidente le hizo entrega de un álbum de piel de Rusia con tapa de plata oxidada grabada, firmado por todos los directivos, donde se le nombraba socio honorario por acuerdo de la Junta General. Meses después, el 29 de mayo de 1906, Loriente explicaba en el decenario local las gestiones de la comisión pro-monumento, para rebatir algunas críticas, a las que el alcalde no parecía ajeno, ya que fue acusado de la eliminación del censo de Loriente y de otros vecinos influyentes, aunque en junio ya habían sido repuestos en sus derechos civiles; aún irritados, en el pleno de primeros de junio, los comisionados instaron al Ayuntamiento a dotar con más gente la Comisión o ellos dimitirían, siendo nombrados nuevos comisionados, bajo la presidencia de José Labandera.

Un mes después, se publicó la subasta de las obras de reforma del Campo y el «Castropol» llevaba a su portada el plano del nuevo Casino, en ambos casos con arreglo al proyecto de La Guardia, mientras Loriente recibía en su casa al canónigo dimisionario de Santiago de Cuba y capellán de la quinta Covadonga, Celestino Rivero y Muñiz, hermano del director del «Diario de la Marina» y sobrino del que fuera juez de Castropol, Felipe Rivero.

Aunque las gestiones del monumento iban despacio, el Congreso concedió el bronce para el monumento, por intercesión del conde de Toreno, diputado pidalista, y, por fin, Juan Miguel de la Guardia hizo la definitiva recepción de las obras del Campo en agosto e inspeccionó las del Casino, recién comenzadas. Satisfecho de su gestión, Loriente inició en septiembre un viaje por Barcelona y Suiza, y dos meses después retornó de Cuba, para darle cuenta de sus actuaciones a su hermano y socio Francisco.

El 1 de enero de 1908 retornó a la presidencia de la Sociedad Casino-Teatro para un ejercicio anual, prosiguiendo la ardua tarea de gestación del monumento a Fernando Villamil, que el 29 de febrero de 1908, el decenario local llevó a la portada en un fotograbado, adelantando que el día 3 de julio de ese año se procedería a su inauguración, algo que, obviamente, nunca sucedió.

La prolongada estancia de Vicente Loriente favoreció la consolidación del Partido Independiente de Castropol y su proyección en el entorno inmediato, ajeno a cualquier ideología política, si bien Serrano Monteavaro le atribuye una orientación liberal-republicana. Centraba su acción política en la defensa de los intereses de este concejo y circundantes, con líderes de la talla de Víctor Ochoa, Eduardo Blanco y el propio Loriente, aunque poco más tarde acabaría en la órbita del tribuno Melquíades Álvarez, quien el 13 de septiembre de 1908, siendo aún diputado de Unión Republicana, visitó Castropol por vez primera, siendo agasajado en los jardines de la casa de Loriente por sus correligionarios y en el parque de Alfonso XIII, por una multitud enardecida. En la posterior comida, celebrada en el Campo, se reunieron 262 comensales y en los discursos, Loriente dedicó unas sentidas palabras a los hijos de la emigración y denunció el abandono de los pueblos por el caciquismo imperante. Cerró el acto, con su elocuente verbo, Melquíades Álvarez, quien proclamó a Loriente como caudillo provisional en la zona, calificándole de «hombre que abriga nobles sentimientos y un altruismo a toda prueba».

En febrero de 1909, la rivalidad entre conservadores e independientes generó algunas disensiones en Tapia, seguida de incidentes, saldados con ceses y detenciones. Loriente dirigió una larga misiva a Everardo Villamil, alcalde de Vegadeo y acérrimo rival suyo, quien le había motejado de oportunista, para recordarle que llevaba diez años viviendo prácticamente en Castropol y días después, el decenario indicaba que en el mitin de Alianza Liberal celebrado en el Teatro Campoamor de Oviedo, triunfaron Melquíades y Loriente. Por fin, el 30 de abril de 1909, el decenario local publicaba el manifiesto electoral del Partido Independiente, firmado por Loriente, quien proclamaba la necesidad de proseguir y mejorar la obra moralizadora en el Ayuntamiento. El triunfo en las elecciones del día 2 de mayo fue aplastante y Vicente Loriente manifestó su satisfacción tres días después, en un editorial del decenario, titulado «El principio del fin», donde advertía a los caciques sobre su próximo ocaso político.

Melquíades Álvarez retornó al distrito en agosto. El tribuno habló desde el balcón de la casa de Loriente, en un acto plagado de incidentes, pues los partidarios de Zoilo Murias acusaron a éste de tirar cohetes desde la playa, aunque éste les replicó que lo hizo desde su jardín. Ese mismo mes, Loriente hospedaba en su casa a al director del «Diario de la Marina», Nicolás Rivero, acompañado de sus tres hijas e hijo y, como corolario de un año triunfal, en las elecciones municipales de diciembre, el Partido Independiente arrasó en Tapia y Castropol.

La concatenación de éxitos consolidó el liderazgo de Vicente Loriente: el 8 de abril de 1910, en un extraordinario del «Castropol», se anunciaba su candidatura a las elecciones a diputados en Cortes. Su rival en el distrito no era otro que el abogado y diputado provincial Benito Castro García, avalado por la maquinaria electoral pidalista. Esta vez la suerte fue esquiva con Loriente, que en el «Castropol» del 15 de mayo asumía la derrota e intentaba levantar el ánimo de sus huestes. Ese mismo año, con el apoyo del director de «El Diario de la Marina», Nicolás Rivero, animó al periodista Antonio López Oliveros a postular la erección de un monumento en Navia al poeta Ramón de Campoamor.

El 10 de octubre, el «Castropol» rectificaba a su colega «La Opinión», demostrando que fue Vicente Loriente y no Leopoldo Trenor Palavicino el donante de la placa en honor del marino Fernando Villaamil, ubicada en la parroquial de Serantes, asegurando que el inspirador del monumento fue Claudio Luanco, si bien Trenor editó a sus expensas dos números de «la Pequeña Industria» sobre el particular y también los trabajos en Puerto Rico de Carlos Conde, José Moldes y Enrique Vijande.

El 24 de diciembre de 1910, el «Castropol» se hacía eco del homenaje provincial a Melquíades Álvarez en el hotel Triannoy, con asistencia de más de 1400 comensales, siendo muy alabada la intervención de Vicente Loriente, que logró desbloquear la construcción de la carretera que circunvala la villa.

El año 1911 significó el cenit existencial de Vicente Loriente, como principal promotor del monumento al heroico marino Fernando Villaamil y Fernández del Cueto en la capital castropolense, así como de las reformas del Casino- Teatro y del Parque, antes llamado Campo de Tablado, rebautizado ese año con el nombre del rey Alfonso XIII, de cara a la recepción del monumento. La tríada exitosa eclosionó en el año 1911, aunque las gestiones habían comenzado varios años antes.

El monumento a Fernando Villaamil, acordado por la Corporación en noviembre de 1898, fue ejecutado por el malogrado escultor ovetense Cipriano Folgueras por 50.000 pesetas, obtenidas de una suscripción que, a petición de Loriente, encabezaban la Regente María Cristina y el futuro rey Alfonso XIII. Los actos inaugurales del monumento, del parque y del Casino, así como los festejos en honor del patrono Santiago Apóstol - con cuya festividad del 24 de julio se hizo coincidir el evento inaugural- incluyeron desfiles de gigantes y cabezudos, fuegos artificiales, bailes y concurso de iluminación de botes. El acto protocolario fue amenizado por la Banda de Infantería de El Ferrol y, en él, se sucedieron los discursos del presidente de la Comisión, Francisco G. de Paredes; del alcalde, Mario Acevedo; de Vicente Loriente, quien representaba al «Diario de la Marina» y -por delegación expresa de Claudio Luanco- al Casino Español, y también del comandante general del apostadero de El Ferrol, almirante José Morgado. La presencia de autoridades regionales y comarcales, que encabezaba el gobernador militar de Oviedo, general Francisco Brualla, el gobernador civil, Francisco Roncals; el rector universitario Fermín Canella; los diputados Ramón Asenjo y José Ochoa, y varios alcaldes, se vio realzada con la presencia en la ría del crucero «Río de la Plata» y del cañonero «María de Molina» con sus dotaciones, al mando de los capitanes Julio Pérez Pereira y Salvador Buhígas.

El decenario local se hacía eco también de la posible concesión a Vicente Loriente, de la Gran Cruz del Mérito Naval, con distintivo blanco, a propuesta del ministro de Marina y sancionada por el rey Alfonso XIII, por su dedicación en torno a la figura de Villaamil, indicando que «esta condecoración, la más alta que la Marina puede conceder a los hombres civiles, sería motivo de legítima satisfacción para nosotros los castropolenses, que así vemos ensalzada la persona que es, sin disputa, unánimemente querida y respetada en el país». Y, en la edición del 20 de noviembre, mostraba su satisfacción por la entrega de dicha condecoración, otorgada por el Cuerpo General de la Armada, a Loriente, quien subió a bordo del cañonero «Marqués de Molins», acompañado del alcalde, Mario Acevedo y del presidente de la Comisión pro-monumento, Francisco García de Paredes. Luego, la oficialidad bajó a tierra y en casa del homenajeado, el comandante Joaquín Fontán y su segundo, José Mª. Franco de Villalobos, le hicieron entrega de la merecida distinción.

También el Casino venía siendo objeto de planes de reestructuración desde el año 1905. El decenario ya daba cuenta el 30 de junio de 1906 del listado de suscriptores de acciones, apareciendo como máximo accionista Vicente Loriente, quien había suscrito cuatro acciones, por valor de quinientas pesetas; le secundaban sus hermanos Francisco, con tres y César, con una. También se hacía eco de la recepción de los planos proyectados por Juan Miguel de la Guardia. Y así, en uno de los lados perimetrales del parque, se alza el majestuoso Teatro-Casino, con planta baja decimonónica, remodelada entre los años 1906- 1911, y segunda planta de nuevo cuño, construida asimismo bajo la dirección de Juan Miguel de la Guardia.

El «Castropol» del 19 de agosto daba cuenta de la visita de González Besada a sus correligionarios conservadores, a la par que fustigaba a los enemigos políticos de Vicente Loriente, que no eran otros que Zoilo Murias, Everardo Villamil y Benito Castro, sentenciando su postura favorable a aquel en el ejemplar del 22 de julio, donde le reconoce como catalizador del despertar castropolense y occidental. Este agitado escenario político comarcal tuvo fiel reflejo en un penoso incidente, nacido de las disensiones por el protagonismo en el acto inaugural del monumento a Fernando Villaamil y que concluyó en un enfrentamiento personal entre Vicente Loriente y otro de los promotores del evento, Enrique Vijande Loredo, acaudalado emigrante a Puerto Rico, donde fundó la razón «Vijande y Cía» y presidió el Auxilio Mutuo. La polémica epistolar se inició en «El Porvenir Asturiano», periódico republicano de Navia, y llegó a ser tan virulenta que un amigo común de ambos, Leopoldo Trenor, intentó una mediación, con escaso éxito. Un tiempo más tarde, según acta levantada por el propio Vijande, Vicente Loriente le agredió a la salida de su domicilio de Barcelona, en cuya puerta le estaba esperando y, aunque Vijande retó a duelo a su convecino, éste rechazó la propuesta. Según parece, meses después, Enrique Vijande se tomó la revancha abofeteando en la calle de Enmedio a Loriente, quedando desde entonces zanjado o, al menos, larvado para siempre tan desagradable suceso (Serrano Monteavaro).

Vicente Loriente pensó entonces que el retorno a Cuba, adónde había llegado también su hermano César para tomar el pulso a su exitoso negocio, sería el mejor apósito para tantas amarguras y desengaños. De la prosperidad de sus negocios en los primeros años de la segunda década secular es buena muestra el edificio social de «V. Loriente, S. en C.», de La Habana - actual hotel de lujo «Raquel»-, considerado «uno de los más hermosos entre todas las casas comerciales de La Habana», obra del arquitecto venezolano Naranjo Ferrer, construido para la sociedad entre los años 1905 y 1908. De fachada barroquizante, en el nivel inferior acogía el negocio textil, que disponía, al exterior, de vanos y una puerta de medio punto, dispuestas entre un almohadillado clásico; ya en el interior, decorado con columnas y escaleras de mármol, mostraba en sus estantes tejidos de las más variadas procedencias y exquisiteces, importados de los almacenes de los mejores fabricantes norteamericanos y europeos que, a su vez, vendía a muchos comercios al por menor de la isla. El edificio disponía de una moderna instalación eléctrica y de salón de lectura y biblioteca, y en el sótano tenía un almacén de dos mil metros cúbicos, lo que obligó a instalar un tranvía para el manejo de las mercancías y la instalación de un elevador eléctrico; por fin, a los pisos superiores se accedía por una regia escalera de mármol, donde se disponían oficinas arrendadas, ajenas a la casa.

El edificio acogió la sociedad mercantil «V. Loriente, S. en C.» desde el año 1912, siendo una de las principales casas importadoras de tejidos de la capital cubana, gracias al tesón de su hermano Francisco (Pancho), aunque Loriente y su socio comanditario disolvieron y liquidaron la Sociedad en 1914, puesto que el 9 de diciembre de 1913, Francisco Loriente se saltó la tapa de los sesos en San Sebastián (Florida), a causa de la progresiva ruina del negocio. Meses después, en marzo, retornó César Loriente, después de ocho años de ausencia, y días después zarpó de nuevo para La Habana en el «Reina María Cristina», acompañado de la esposa de Vicente Loriente y sus tres hijos, dadas las circunstancias adversas a las que se enfrentaba e otrora próspero comerciante.

En aquellos años, los emigrados estaban fundando asociaciones de índole local o comarcal, como las Sociedades de Naturales, que reflejaban el habitual individualismo entre los hijos de los distintos municipios asturianos. Orientadas estatutariamente a la protección y disfrute del ocio de los emigrados y a la ayuda al progreso de sus lugares de origen, en la Sociedad de Instrucción «Naturales del concejo de Boal», fundada el 22 de noviembre de 1911, halló feliz acomodo Vicente Loriente, nombrado presidente honorífico de la misma, junto con Bernardo Álvarez, Antonio Presno y José Álvarez; poco después, y por unanimidad, recibiría el mismo honor de la Asociación «Naturales del concejo de El Franco», constituida legalmente el 14 de febrero de 1915. Desde entonces, fue invitado principal de sus fiestas y banquetes, como se colige de las crónicas de sociedad en la prensa cubana, como el semanario «Asturias», en algunas de cuyas crónicas aparece Vicente Loriente, impecablemente vestido de traje, pajarita, gemelos y con su inconfundible pelo blanco y bigote, flanqueado por con los integrantes de las juntas de gobierno y otros asociados, como la escritora y periodista Eva Canel, socia honorífica de la Sociedad franquina.

Ese año de 1915, Vicente Loriente retornó una vez más a su tierra natal, manteniendo su habitual estrategia de ida y vuelta. Tomó entonces la decisión de ir apartándose poco a poco de la política, pues pidió ser representado por los presidentes de los comités municipales del partido ante su previsible larga ausencia, aunque retornó antes de fin de año. Al año siguiente, Loriente era nombrado socio honorario de la Sociedad de Amigos de Puerto de Vega (Navia), según refiere el acta nº 91, por su generosa donación de libros a la biblioteca, un hecho que confirma la vocación «occidentalista», no sólo localista, del castropolense.

Si bien tras la muerte de su hermano, inducida por la crisis comercial, Vicente Loriente pasó por uno de los más duros trances de su vida, aún le quedaba otra dura prueba, pues al luctuoso suceso familiar le sucedió la imparable decadencia de su otrora próspero negocio textil cubano, que obligó a la disolución de la sociedad, algo que debió de calar profundamente en su estado de ánimo, como se manifiesta en el panegírico que le dedicó «El Progreso de Asturias» por el emigrado boalés Celestino Álvarez: «Cuando la adversidad se cebó con él, pudo como tantos otros, poner a recaudo una fortuna, y no lo hizo, hipotecó sus propiedades, y liquidó hasta el último centavo. En su liquidación estuvo fatal, pues si la realiza un año después, con ella habría levantado un capital por el alza que alcanzaron las mercancías. Los amigos le establecieron nuevamente, cuando terminaba la guerra europea (1919); los géneros adquiridos a alto precio, a los pocos meses sufrieron una baja tal, que tuvo forzosamente que ir a otra liquidación, peor que la anterior. Su fortuna colosal vino a tierra; pero D. Vicente soportó el infortunio; siguió siendo el caballero sin tacha, humorista y chispeante, aún ante los más crueles desengaños de encontrar cerradas muchas puertas que había contribuido a abrir...»

En la noble pretensión de hacerle más llevadero el infortunio, el «Diario de la Marina» le nombró secretario de la Dirección, para asegurarle unos ingresos adecuados a su estatus. Tampoco la política le trajo grandes satisfacciones, ya que el Partido Novo fue perdiendo fuelle desde 1918, no logrando los resultados esperados en algunas lizas electorales. Empero, su distanciamiento del tribuno era ya irreversible, según escribió años más tarde Celestino Álvarez, no sólo por oposición a su posibilismo político, sino por el desinterés mostrado por Melquíades Álvarez ante las duras circunstancias económicas y personales que atravesaba el castropolense.

En cambio, hubo de causarle una gran satisfacción la creación en el año 1921 de la Biblioteca Popular Circulante de Castropol, pues su primogénito Vicente Loriente Cancio fue uno de los firmantes del manifiesto del 20 de octubre que dio origen a la misma y, más tarde, vocal y alma máter de su patronato. También mostró un firme apoyo a su correligionario Conrado Villar en la promoción del homenaje al marqués de Casariego, constituyendo una Comisión Pro-Casariego en La Habana en el año 1922, aunque ya se adelantó en «Las Riberas del Eo», en marzo de 1917. Asimismo, sus buenos oficios permitieron que los franquinos emigrados a Cuba conviviesen desde 1926 en la Sociedad de instrucción, recreo y beneficiencia, «Unión de Naturales de El Franco», nacida de la fusión de la asociación «Naturales de El Franco» y «La Unión Franquina».

En aquellos años de decadencia, su viejo amigo, el periodista Antonio López Oliveros, antiguo redactor de «El Diario de la Marina» y director de «El Noroeste» de Gijón dijo de Vicente Loriente, con el que compartió siempre un visceral anti-caciquismo, lo que sigue: «La emigración dio a Asturias un político liberal, gran luchador, inteligencia natural exquisita, que honró a la democracia española batallando por los ideales redentores y reconstructores, a los que sacrificó su fortuna, su tranquilidad, el porvenir propio, con una generosidad de conciencia y una elevación de sentimientos rara avis en nuestros días este asturiano ilustre por sus virtudes ciudadanas, hoy enfermo, decepcionado y olvidado, se llama Vicente Loriente».

Los y desvelos de Loriente y sus correligionarios durante años halló justa recompensa en las elecciones del año 1923, cuando Melquíades Álvarez salió elegido diputado a Cortes por el distrito castropolense y, poco después, fue nombrado presidente del Congreso de Diputados, aunque el Partido decayó al año siguiente, con la proclamación de la Dictadura. De facto, el mismo presidente del Directorio Militar, Miguel Primo de Rivera, rindió visita a sus seguidores castropolenses en 1924, y dos veces más en 1928. Dos años más tarde, ya exiliado el Dictador, vendría su hijo José Antonio, quien competía por el control del distrito con el viejo tribuno Melquíades Álvarez y con José Calvo Sotelo. Pero Vicente Loriente se mostraba ya bastante ajeno a la efervescencia política del momento, aunque aún en el año 1930, en una nota manuscrita que menciona Serrano Monteavaro, reflexionaba con cabal lucidez:

«Han pasado los años. El Rey no se ha abierto a ninguna solución. Menos todavía, ha propiciado la dictadura de Primo; y Melquíades, mostrándose enemigo declarado de la dictadura, todavía espera que la monarquía evolucione. Pero tampoco veo que Melquíades haya evolucionado. Hay gente que lo ha venido abandonando, como Ortega, Azaña, Pérez de Ayala,...» .

El 14 de abril de 1931, Castropol proclamó la República, celebrada con una manifestación; el 15, se izó la bandera tricolor en el Ayuntamiento y el 19, se manifestaron los republicanos de todo el concejo, leyendo Antonio Cancio unos pliegos de Vicente Loriente, según Serrano Monteavaro. Y un año después, terminaba la odisea americana de Loriente, secretario de la Dirección del Decano de la prensa cubana, ya que el 15 de septiembre salió del muelle de La Habana con destino definitivo a su tierra, siendo despedido por una multitud, entre quienes estaba el director del «Diario de la Marina», Dr. José I. Rivero, quien le despidió cariñosamente: «... Como comerciante fue uno de los primeros de Cuba, de los más altos vuelos, con un crédito y solvencia envidiable dentro y fuera de la isla. Hubiera sido formidable escritor si le hubiera dado por esta profesión. El Destino ha sido cruel con D. Vicente Loriente. En los últimos años de su vida se cebó en él con todas las crueldades. Vio desmoronarse su posición económica. Todos los puntales fallaban. Tuvo y tiene muchos amigos, pero conoció la falsía también de muchos más; el desamor acaso de miles de personas que estaban obligadas a servirle...».

Ese mismo año, el parque de Alfonso XIII fue rebautizado como «Parque de Vicente Loriente». Y, un año más tarde, recibió por postrera vez a quien había sido su mentor político, Melquíades Álvarez, del que se había ido distanciando progresivamente en lo ideológico y en lo personal. López Oliveros, quien volvió a visitarle en Castropol por esas fechas, describió emocionadamente su despedida del prócer: «Antes de abandonar la villa, desbordada en júbilo, quise abrazar, y lo abracé muy efusivamente, al patriarca castropolense Vicente Loriente. Casi ciego y doblado por el peso del infortunio, Loriente vivió esas horas de lucha ciudadana sintiendo remozársele las energías juveniles».

El 16 de julio de 1936, viejo, cansado y casi ciego, remitió una postal a Celestino Álvarez, director de «El Progreso de Asturias», despidiéndose «desde el borde del abismo social». El final aún se retrasó, pues Vicente Loriente falleció en la tierra que le había visto nacer ochenta años antes el día 8 de julio de 1939, siendo enterrado en un nicho demasiado humilde para su altura social y moral, según escribió el periodista boalés en La Habana, Celestino Álvarez.

Su correligionario Conrado Villar le dedicó una sentida necrológica en «Las Riberas del Eo», del día 29 de julio de 1939, titulando su panegírico «Figura asturiana que desaparece: Excmo. Sr. D. Vicente Loriente, el último hidalgo de la raza». Comenzaba así: «En las primeras horas del día 8 del corriente, dejó de existir, en su casa de Castropol, el gran castropolense Excmo. Sr. D. Vicente Loriente Acevedo, aquel caballero nobilísimo, de excelsas virtudes, a quien, en un rasgo de nobleza obligada, de justiciero homenaje, la eximia escritora Eva Canel, cuyo nombre figura en los anales literarios, llamó el último hidalgo de la raza… Por este proceder tan poco corriente entre los que lograron las cimas de la fortuna, proceder hijo de su caballerosidad, nobleza de corazón y sentimientos caritativos, se le llamaba el padre de todos…».

Ésta es, a grandes rasgos, la excelsa biografía de un gigante, cuya vida y obra honran a Castropol y a toda Asturias, a cuyo progreso dedicó mucho tiempo y dinero con acendrado y desinteresado amor.

Fuente: FERNÁNDEZ MÉNDEZ, SERVANDO*: «Vicente Loriente Acevedo: de la emigración cubana a patriarca castropolense». En: Doce estudios sobre emigración y emigrantes a América. Dirección: Servando Fernández Méndez. Ediciones Nobel y Ayuntamiento de Navia. Oviedo, 2008.

Nota

(*) Con motivo de la conmemoración del centenario del parque Vicente Loriente, de la villa de Castropol, el programa de actividades incluyó varias conferencias, como la que Servando Fernández Méndez, cronista oficial de Navia y presidente de la Fundación de Amigos de la Historia (ver ficha), impartió, el 8 de julio de 2011, en la Casa de Cultura local y bajo el título «Castropol en la vida de Vicente Loriente», uno de los hijos más ilustres de esta villa y concejo.

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